Emprender, ¿una cuestión de educación?

Ser Emprendedor es una intensa carrera personal y profesional, cargada de emociones encontradas, de días repletos de entusiasmo y positivismo y días donde no encuentras el ánimo en nada ni nadie, es un continuo sube y baja, como si estuvieras viajando en una montaña rusa.  

Pero no para todas las personas supone el mismo recorrido emocional, como ya había comentado en el primer post, existen dos tipos de Emprendedores, los que provienen de familia de empresarios y los demás, o sea, aquellos que por educación familiar tienen conocimientos o referencias de los que supone emprender un negocio y aquellos que no tenemos ninguna referencia en este campo.  

El primer grupo, aunque ellos no hayan sido empresarios de manera directa, han compartido las emociones de sus padres o abuelos, han vivido sus dudas, sus miedos, sus alegrías, su entusiasmo, su capacidad de superación, su lucha, su fracaso y su optimismo en la tarea de crear un negocio. Ellos reconocen estas emociones, reconocen este camino, con lo cual será más sencillo que las integren cuando recorren el suyo propio. De esta manera pueden centrar casi todos sus esfuerzos en adquirir los conocimientos y la experiencia propia del negocio que estén emprendiendo.     

El segundo grupo, formado por todos aquellos que no conocemos de antemano estas emociones en el campo de los negocios, necesitamos tiempo para ir integrando cada una de ellas, e ir superando nuestras propias barreras, nuestros límites marcados por una educación que a nosotros nos ha enseñado que mejor es un trabajo seguro donde no se corren riesgos, que nos proporcione un sueldo a final de mes, independientemente de si la empresa a la que perteneces ha tenido más o menos beneficios ese mes.  Esos días donde el optimismo se adueña de ti, son estupendos porque confías en que vas a conseguir abrirte camino entre toda la competencia existente y aportar una diferencia que los clientes captarán como algo único, algo excepcional, y esto te aportará ingresos que te permitan seguir con ese proyecto maravilloso en el que estás metido.  Y luego están otros días donde el pesimismo se apodera de todo tu ser y te convences de que no estás capacitado para llevar a cabo el proyecto, en los que piensas que, por muchos conocimientos y experiencia que tengas en la materia de tu actividad, nos eres capaz de abrirte camino, de encontrar tu hueco en el mercado ni que eres capaz de hacer que te compren tu producto o servicio.  Afortunadamente, al menos en mi caso, estos días son pocos, y al siguiente amaneces siempre sale el sol con fuerza y alegría para recuperar la ilusión y las ganas de seguir creyendo en tu proyecto y en ti.    

Espero que les haya gustado.  Saludos

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