Interpreta tus números.

Recientemente hemos impartido en nuestras instalaciones una charla sobre cómo interpretar los estados contables, centrándonos en la cuenta de Pérdidas y Ganancias y el Balance, y en la valiosa información que con ello podemos obtener. La charla iba dirigida a los empresarios/as y personal de administración, con el fin de que cuando les enviamos los informes contables de sus empresas puedan “leer” dicha información, y también puedan saber que de ello pueden hacer un estudio más pormenorizado de su empresa.

Se puede estudiar temas como la Rentabilidad, analizando el beneficio bruto, el retorno de la inversión o las ventas del equipo por cada euro de coste; la Tesorería, analizando el ratio de solvencia de la empresa, el ratio de liquidez y el fondo de maniobra; la Velocidad de la empresa, a través del estudio de los días de cobro, los días de pago y el tiempo que las existencias permanecen el almacén; y el Endeudamiento, estudiando el propio endeudamiento, el endeudamiento a corto plazo y el coste de la deuda.

El interés de esta información no es sacar unos ratios o unos porcentajes de cómo está nuestra empresa, sino plantearnos qué podemos hacer al respecto de esos ratios obtenidos, es decir, ¿qué podemos hacer con nuestra empresa para que esos valores obtenidos mejoren?

Si nuestro porcentaje de beneficio bruto ha bajado o es bajo respecto a los objetivos marcados por la empresa cabría hacerse preguntas como ¿qué productos tienen mayor margen y cuánto de ellos vendemos, y cuáles un margen inferior y su porcentaje de ventas?, con el fin de centrar nuestros esfuerzos en los productos con más margen, ¿tenemos una política de precios adecuada?
Si tenemos un bajo retorno de la inversión, ¿disponemos de la maquinaria adecuada? ¿Qué inversión podríamos hacer para mejorar la rentabilidad de la empresa?
Si tenemos unas ventas del equipo, ¿tenemos la gente adecuada y en el puesto donde se necesita? ¿Qué puesto sería necesario reforzar?
Si tenemos ratios de liquidez bajos o ratios de endeudamiento a corto plazo altos, ¿tenemos una buena distribución del endeudamiento entre el corto y el largo plazo? ¿Hacemos una buena previsión y gestión de la tesorería? ¿Dónde invertimos o gastamos nuestro dinero? ¿Podríamos hacer mejorar nuestra gestión de stock para hacerlo líquido en menos tiempo?
En cuanto a los ratios de velocidad, ¿estamos entregando el trabajo suficientemente rápido? ¿Tenemos acuerdos de cobro y pago adecuados? ¿Podemos renegociar las condiciones con clientes y proveedores? ¿Qué productos tienen mayor rotación? ¿Cuáles son más rentables?.
En cuanto al endeudamiento, ¿podríamos mejorando los acuerdos con los proveedores y clientes, reducir la financiación bancaria? ¿Podemos reagrupar y renegociar la deuda con los bancos, obteniendo mejor equilibrio entre corto y largo plazo y un menor coste total de la misma?

Con estas y otras preguntas, adaptadas a las necesidades de cada empresa, sin descuidar también otras adaptadas al empresario/a, se puede profundizar y trabajar en la mejora continuada de la misma, con el fin de llegar a construir la empresa que cada empresario/a quiere para sí mismo.

El cambio no es inmediato, es un trabajo continuado en los hábitos y costumbres de cada empresa y de las personas que la forman, pero trabajar para conseguir los objetivos deseados nos aporta la satisfacción de estar haciendo exactamente aquello que queremos hacer. Y a nuestra empresa le aporta la satisfacción de poder ayudarlos en ese camino de alcanzar sus objetivos.  ¿Te animas a estudiar tus números?

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